El Núcleo de la Vida — Descubriendo el Corazón del Gran Entrenamiento

El Núcleo de la Vida · Sección 1 · Capítulo 1

Una historia de éxito

Paul J. Bucknell

Ilustración sobre Una historia de éxito — El Núcleo de la Vida

Una nube oscura de fracaso se ha asentado sobre la iglesia cristiana. Ya es bastante grave que una cultura opresiva limite agresivamente la libertad del cristiano para expresar su fe y rendir culto; además, el compromiso con una vida moral se está erosionando. Pastores y creyentes se divorcian, se contaminan con la pornografía y los juegos de azar, y coquetean con el mundo.

Peor aún, el fundamento de la familia se está resquebrajando. El amor de nuestros hijos por el Señor se desvanece. Es evidente que algo anda muy mal en la iglesia cuando las estadísticas muestran que una gran proporción de los jóvenes criados en nuestras congregaciones abandona al Señor y a la iglesia.

Los peligros nos acechan por todas partes. No hace falta decir mucho más, pues la decadencia de la iglesia resulta evidente. Un espíritu de derrota se extiende por la tierra. Cuando nos alcanza, sentimos deseos de rendirnos. A veces incluso nos preguntamos si las verdades a las que hemos dedicado la vida son realmente ciertas y buenas.

¿Qué se puede hacer?

Una de las mejores maneras de combatir esta maligna tentación de sentirnos derrotados es volver a los fundamentos bíblicos. «¿Qué más podemos decir? Que si Dios está a nuestro favor, nadie podrá estar en contra de nosotros» (Romanos 8:31). Dios está verdaderamente a nuestro favor.

El Antiguo Testamento contiene muchas historias de éxito. No son los relatos típicos que exaltan el ingenio humano. Por el contrario, presentan al ser humano en su hora más oscura, enfrentado a una derrota terrible. Entonces la Biblia muestra cómo Dios interviene y rescata maravillosamente a quienes invocan su nombre.

Estas historias verdaderas nos recuerdan verdades inmutables. También nosotros, aun en tiempos difíciles, podemos depender de la extraordinaria fuerza de Dios y experimentar su liberación. Quizá no comprendamos todo lo que Él está haciendo, pero sí sabemos cómo desea obrar en nuestra vida ahora. El Señor quiere fortalecernos para completar la tarea que nos ha encomendado.

Cuanto más recordemos el poder de la vida que llevamos dentro, más percibiremos la fuerza de Dios en nosotros. No tendremos que buscar desesperadamente recursos externos para afrontar la situación. Él quiere ser Aquel en quien confiemos. La Palabra de Dios nos recuerda que está de nuestro lado. Nuestra vida espiritual recibiría un gran impulso si supiéramos y creyéramos que esto es lo verdaderamente necesario. Dios nos ha capacitado para permanecer firmes: «cuando llegue el día malo, puedan resistir hasta el fin y permanecer firmes» (Efesios 6:13). El pueblo de Dios puede mantenerse firme porque Dios no está en absoluto preocupado por el enemigo. Nosotros tampoco tenemos por qué vivir preocupados.

Nuestro mayor peligro

Dios, como un río caudaloso, nos lleva constantemente hacia un crecimiento mayor. Nuestro mayor peligro consiste en permitir que la balsa derive hasta la orilla y bajarnos de ella.

Los cristianos debemos permanecer atentos y comprometidos. Luchamos manteniéndonos conscientes de las verdades de Dios para que Él pueda guiarnos con seguridad a través de las turbulencias de la vida, incluso cuando las tentaciones llaman a nuestra puerta con sus sugerencias diabólicas.

Ilustración sobre Nuestro mayor peligro — El Núcleo de la Vida

No existe poder ni fuerza superior a Dios que pueda frustrar sus buenos propósitos. Si estamos con Él —o, dicho con mayor precisión, si Él está con nosotros— podremos realizar todo lo que el Señor desea hacer por medio de nuestra vida. Aun en los peores conflictos, podemos decidir confiar en Él, afirmar que lo que dice es verdad y actuar de acuerdo con esa confianza.

A medida que tomemos mayor conciencia de la actividad constante, poderosa y pertinente de Dios en nuestra vida, crecerá nuestra confianza en Él. Descubriremos que su maravillosa paz guarda nuestro corazón durante los tiempos turbulentos. Esta conciencia y seguridad de la presencia de Dios se convierte en una poderosa fuerza interior.

Lecciones

  • La guerra ya está ganada: Dios venció. Necesitamos recordar continuamente su poder y depositar nuestra confianza en Él.

  • El Señor desea capacitarnos, como hizo con José, Daniel y Jesús, para que permanezcamos cerca de Dios y Él cumpla su voluntad por medio de nuestra vida.

Memorizar y Meditar

  • Romanos 8:31

  • Efesios 6:13

Asignación

  • ¿Está herido espiritualmente? ¿En qué áreas percibe derrota? Enumere las primeras que vengan a su mente.

  • Si se ha bajado de la balsa de la fe cristiana, dígale al Señor que lo lamenta. Confiese sus dudas, reciba su perdón, vuelva a subir y continúe río abajo.

  • Ore en voz alta ahora —o escriba su oración— y afirme que, cueste lo que cueste, permanecerá en la lucha aun cuando se vuelva difícil. Alabe al Señor porque es el Vencedor y porque desea acompañarnos incluso en las circunstancias más desesperadas, para gloria de su nombre.