
El Núcleo de la Vida · Sección 1 · Capítulo 7
La fuente de la vida

La vida espiritual, al igual que la física, es una fuerza poderosa presente en todo creyente cristiano. Una vez reconocida, la vida nueva comienza a expresarse de diversas maneras.
Esta vida, como una corriente poderosa, está concentrada y dirigida. Por ejemplo, la fuerza vital no nos impulsa a pensar mal de los demás, porque su fuente es el Espíritu Santo: hemos «nacido de Dios».2
Jesús dijo que debemos nacer de nuevo, o nacer de arriba: «De cierto, de cierto te digo, que el que no nace de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Lo que nace de la carne, carne es; y lo que nace del Espíritu, espíritu es» (Juan 3:5-6). La poderosa fuerza de nuestra nueva vida procede de Dios mismo. Esta vida nueva consiste en que el Espíritu Santo vive y obra por medio de nosotros. Por eso las Escrituras hablan de la vida «en el espíritu» o «en el Espíritu»; en el texto bíblico griego se utiliza la misma palabra.
El Espíritu de Dios obra en nosotros
Esta verdad es importante porque nos permite comprender cómo nos ayuda siempre el Espíritu de Dios. Él desea hacernos semejantes al Padre y ejerce su poder con ese fin. No es una fuerza impersonal, sino Dios mismo. Por tanto, jamás empleará su poder para inducirnos al mal ni a nada contrario a su propósito bueno y santo.
Gran parte de la vida cristiana consiste en discernir lo que el Espíritu Santo desea hacer en nosotros y por medio de nosotros, y después realizarlo por fe.
El poder del Espíritu es inmenso. No podemos domesticarlo —es decir, no podemos dominarlo a Él— ni oponernos a su propósito con éxito, aunque sí podemos entristecerlo (Efesios 4:30). Nuestra mejor esperanza, como la de quienes conducen una balsa en rápidos, consiste en concentrar todo esfuerzo en seguir el curso del poderoso Espíritu.
Lecciones
El Espíritu Santo es la fuente de la fuerza de nuestra nueva vida. Nos inspira y proporciona el poder necesario para hacer todo lo que Dios desea.
No necesitamos ser fuertes por nosotros mismos. Como quienes conducen una balsa, debemos concentrarnos en seguir la dirección que Dios el Espíritu ha establecido para nuestra vida.
Memorizar y Meditar
Juan 3:5-6
1 Juan 5:1,4
Asignación
Nombre tres cosas que el Espíritu Santo desea que haga.
Ore a Dios. Agradézcale porque le da el deseo de complacerlo y de realizar estas cosas. Pídale sabiduría, fortaleza y ayuda especial para que, por medio del Espíritu, pueda llevarlas a cabo correctamente para gloria de Dios.