
El Núcleo de la Vida · Sección 1 · Capítulo 8
Aprovechar el impulso del Espíritu

La corriente poderosa de un río ofrece una imagen de la fuerza que fluye en la vida del creyente. Otra imagen es la de las corrientes de viento. Aunque una tormenta contenga ráfagas violentas, estas forman parte de grandes movimientos de aire dentro de un sistema mayor. El viento posee dirección y actúa dentro de ciertos parámetros.
Estas poderosas corrientes nos ayudan a pensar con mayor claridad en la obra del Espíritu Santo. En primer lugar, como vimos en el capítulo anterior, debemos recordar que Dios está llevando a cabo sus propósitos. En medio de la tormenta quizá no sepamos hacia dónde sopla el viento, pero no necesitamos vivir preocupados. Dios mantiene el control aun cuando se levantan fuerzas malignas. Nuestro deber consiste en afirmar sus propósitos superiores y cumplir nuestra pequeña pero importante parte. Declare que desea ser utilizado por Dios, sin importar cuán difíciles parezcan las circunstancias. Recuerde también que Él pone a nuestra disposición toda la fuerza necesaria. Debemos afirmar nuestro deseo de agradarlo y, al mismo tiempo, depender de su poder.
Las corrientes ascendentes ofrecen otra imagen de la ayuda del Espíritu. Las águilas poseen alas poderosas, pero necesitan que corrientes de aire ascendente —llamadas térmicas— pasen debajo de ellas y las eleven.

Tengo un amigo que practica ala delta a gran altura. Yo no quisiera hacerlo. Podemos decidir si practicamos ala delta o no, pero no podemos vivir la vida cristiana aparte del Espíritu de Dios. La pregunta es: «¿Hasta qué punto somos conscientes de la obra intencional de Dios en nosotros?». En este aspecto, la fe de muchos creyentes se reduce a decir: «No sé qué está haciendo Dios».
Pasos aparentemente imposibles
El Espíritu siempre nos conduce a hacer la voluntad de Dios. En ocasiones nos llevará por caminos que parecen imposibles. ¿Por qué pueden parecernos así?
Superan nuestras capacidades físicas
No parece haber tiempo suficiente
Exceden nuestros recursos económicos
Provocan oposición de familiares o amigos
Parecen requerir habilidades o dones que no poseemos
Nos falta confianza
La lista podría continuar. Sin embargo, el Espíritu a veces nos guía precisamente hacia circunstancias difíciles. ¿Ha tenido que tratar con una persona complicada? Seguramente. Puede confiar en que Dios le dará paciencia y todo lo necesario para amarla. Esta es una característica de su manera de obrar: nos pide avanzar más allá de nuestras capacidades naturales para que aprendamos a depender de Él.
A menudo seguimos nuestras tendencias naturales y dependemos de la personalidad y los instintos. Algunas personas se atreven a cualquier cosa, como Pedro, aunque no siempre obtienen buenos resultados. Otras son mucho más tímidas, como Tomás, y se rinden con facilidad a causa de la duda.
El propósito aquí no es explicar en detalle cómo cooperar con el Espíritu de Dios, sino destacar su manera de obrar y la necesidad de confiar en su ayuda. Para comprender mejor la dinámica del crecimiento y la batalla espiritual, vea nuestro libro sobre el segundo nivel del discipulado, Más allá de la mediocridad. Solo Dios posee la fuerza, la sabiduría y la comprensión necesarias para cumplir su voluntad, especialmente frente a un enemigo astuto como el diablo, que procura destruirnos.
Mantenerse enfocado y alerta
Jesús dijo: «Estén alerta y oren para que no caigan en tentación. El espíritu está dispuesto, pero el cuerpo es débil» (Mateo 26:41).
El creyente genuino desea agradar a Dios, pero tendemos a caer en la tentación cuando no vemos claramente cómo puede ayudarnos a enfrentar una situación. Necesitamos concentrarnos en el Señor mediante la oración, tanto para discernir lo que desea como para recibir de Él fe, fuerza y sabiduría. Quizá comencemos a orar sin poseer ninguna de esas cosas, pero al acercarnos a Dios, Él nos las concede.
El amor por las cosas de Dios y la disposición a abrazarlas proceden del Espíritu Santo. Fueron implantados en nosotros cuando confiamos inicialmente en Cristo para salvación y nacimos de nuevo. No necesitamos fabricar esos sentimientos. Un creyente nuevo puede adorar a Dios con tanta profundidad como un cristiano experimentado. No tenemos que luchar para producir esos deseos; la confusión aparece cuando comenzamos a cuestionar qué amamos, quiénes somos y qué debemos hacer. La verdad de Dios aclara nuestra identidad en Cristo, mientras el maligno procura distorsionarla.
¡Dios es nuestra fuerza! Ese viento poderoso nos lleva adelante cuando permanecemos en sus principios y lo invocamos para recibir ayuda.
Lecciones
Dios quiere que dependamos de Él para recibir sabiduría, tiempo, oportunidades y todo lo necesario para realizar su obra.
El Señor desea darnos generosamente lo que necesitamos para cumplir su voluntad, pero nosotros tendemos a confiar en recursos propios que finalmente nos fallan.
En ocasiones afrontamos personas y situaciones aparentemente imposibles, pero el Señor permanece con nosotros para ayudarnos, incluso cuando se requiere un milagro.
Memorizar y Meditar
Mateo 26:41
Salmo 5:3, Isaías 40:31
Asignación
¿De qué maneras tiende a depender de sus propios recursos para llevar a cabo la obra de Dios, pero se frustra y falla?
¿Qué clase de personalidad tiene? ¿Cómo influye en la manera en que intenta atravesar circunstancias difíciles?
Teniendo presente Mateo 26:41, ¿«vela y ora» solamente cuando enfrenta situaciones que considera difíciles, o lo hace como disciplina espiritual diaria? Explique.
(2) Valorar el Núcleo de la Vida
Capítulos 9-18