El Núcleo de la Vida — Descubriendo el Corazón del Gran Entrenamiento

El Núcleo de la Vida · Sección 3 · Capítulo 19

El propósito del discipulado

Paul J. Bucknell

Ilustración sobre El propósito del discipulado — El Núcleo de la Vida

Cuando los creyentes oyen acerca de estas tres etapas, suelen sentirse muy animados. Comprender la idea es como recibir un nuevo par de piernas. La mayoría nunca había pensado en la vida cristiana como un proceso dividido en etapas; esto incluye a muchos predicadores y maestros. Por esa razón, se han creado pocas herramientas para ayudarnos a evaluar dónde nos encontramos espiritualmente.

Lo que no sabemos

Los creyentes suelen considerar que la vida espiritual es poco clara y confusa. Su resumen podría ser: «Soy salvo y se supone que debo mirar hacia el cielo». No comprenden bien cómo debería ser el camino de la santificación.

Mi esposa y yo capacitamos a padres en la crianza de sus hijos y encontramos el mismo problema. Debido a que hoy hay menos familias numerosas y menos madres que permanecen en casa, muchas parejas jóvenes poseen poca experiencia y no saben cómo cuidar a sus pequeños.

Podríamos pensar que cuestiones básicas como criar a un niño o amamantar serían instintivas, pero no siempre lo son. Hay mucho que aprender para alimentar correctamente a un bebé y formar bien a los hijos. En ocasiones, el instinto resulta frustrantemente insuficiente. Por eso los hospitales y centros de maternidad han incorporado clases especiales.

Lo mismo ocurre con las enseñanzas de Cristo. ¿Basta con percibir la presencia de Dios y adorarlo? ¿Crecerán los creyentes de manera completamente natural? No, al menos no en nuestro mundo caído. Las Escrituras muestran que muchas personas tienen dificultades para comprender correctamente asuntos espirituales como la moralidad (Romanos 2:14-15), la presencia y el poder de Dios (Romanos 1:19-20) o la maldad del egoísmo. Estas verdades pueden no resultar evidentes, y nuestros sentidos pueden imponerse fácilmente sobre el conocimiento limitado que poseemos.

Por eso Jesús nos ordenó hacer discípulos. Debemos llevar a otros a aprender lo que él dijo y realizó: «enseñándoles a obedecer todo lo que les he mandado» (Mateo 28:20).

Me alegra que en los últimos años más personas enseñen y escriban acerca del discipulado. Sin embargo, me preocupa que muchos lo consideren principalmente un método y no un camino de formación, o que separen el contenido de la relación personal. Valoro el énfasis en capacitar individualmente a otros y también lo enseño, porque en muchos lugares se ha convertido en un arte olvidado, relegado a costosas sesiones de consejería. Pero debemos avanzar más. Nuestro propósito es enseñar de tal manera que otros realmente aprendan. Ese aprendizaje es el verdadero sentido del discipulado. La mayoría se siente mucho más cómoda con una enseñanza cuantitativa, basada en cosas que pueden probarse y medirse; la educación occidental nos ha formado así. Los asuntos espirituales no se evalúan con tanta facilidad y, por tanto, suelen ser:

  1. 1. Más fáciles de ignorar.

  2. 2. Poco claros, si no se enseñan correctamente.

  3. 3. Aparentemente menos pertinentes.

Pablo y otros autores bíblicos afirman la importancia del cambio que ocurre cuando aprendemos correctamente acerca de Jesús: «Pónganse el ropaje de la nueva naturaleza, creada a imagen de Dios, en verdadera justicia y santidad» (Efesios 4:24).

La renovación de la mente (Efesios 4:23) es importante, pero debe ir acompañada de suficiente claridad y convicción para producir la transformación necesaria.

Ilustración sobre Lo que no sabemos — El Núcleo de la Vida

El poder de 1 Juan 2:12-14

Me entusiasma el enfoque de enseñanza presentado en 1 Juan 2:12-14. Juan facilita mucho el aprendizaje porque todos conocemos la analogía de la familia: hemos crecido en una o al menos hemos observado cómo otros lo hacen. Dios hizo que estas verdades fueran sencillas de aprender y aplicar.

Además, Juan proporciona un sistema completo que nos ayuda a comprender mejor cada parte. Las tres etapas aparecieron en la sección anterior, pero solo constituyen el comienzo. El aprendizaje espiritual se parece a internarse cada vez más en el océano. Puede sorprendernos una ola o quizá dejemos de ver el fondo, pero Dios nos llama a avanzar hacia aguas más profundas. Desea que confiemos en él ante lo que trae a nuestra vida, para que experimentemos más de su gloriosa persona y sus planes.

Desde la perspectiva de la capacitación

En esta sección, Practicar el Núcleo de la Vida, mostraremos cómo el sistema completo se relaciona con sus distintas partes desde una perspectiva educativa y de formación. Ya lo consideramos de manera limitada en el plano personal, pero ahora debemos utilizar esta herramienta de análisis para examinar la capacitación de la iglesia en general.

Este enfoque nos ayuda a diseñar métodos prácticos que puedan incorporarse a la enseñanza para fomentar el desarrollo espiritual, en vez de limitarse a transmitir conocimientos. Quizá no podamos producir las mediciones cuantitativas que suelen buscar los maestros; sin embargo, sí podemos ayudar a las personas a alcanzar las metas que Dios tiene para ellas.

Idealmente, todo maestro cristiano —en una iglesia o una escuela— desea que cada estudiante crezca hasta la plenitud espiritual en Cristo. Si esa es la meta, debemos cultivar el ambiente adecuado para despertar el deseo de aprender. El discipulado es un concepto clave que nos mueve hacia los propósitos de Dios.

Lecciones

  • El discipulado describe el aprendizaje que ocurre cuando un creyente más maduro ayuda a otro más joven a comprender verdades esenciales acerca de Jesús, para que pueda vivir con firmeza y semejanza a Cristo.

  • El desafío de toda capacitación cristiana, formal o informal, consiste en que el creyente experimente una verdadera transformación producida por Dios.

  • Debido a que el énfasis no recae principalmente en conocimientos medibles, este aprendizaje resulta difícil de evaluar cuantitativamente.

  • La transformación que se produce al conocer a Dios por medio de Cristo es emocionante; el maestro puede observar cambios reales en el estudiante.

Memorizar y Meditar

  • Efesios 4:24

Asignación

  • Dé un ejemplo de algo que aprendió, pero que no puso en práctica porque le faltaba convicción.

  • ¿Diría que actualmente desea crecer espiritualmente? ¿Por qué sí o por qué no?

  • ¿Ha discipulado alguna vez a otra persona? ¿A quién y cuándo?