
El Núcleo de la Vida · Sección 2 · Capítulo 18
El ciclo de la vida

El ciclo de la vida es verdadero tanto en el mundo físico como en el espiritual. Nacemos, atravesamos las luchas del crecimiento, participamos en traer a otros al mundo y los cuidamos. Después cedemos nuestro lugar para que la siguiente generación continúe el ciclo.
Esta visión completa nos ayuda a comprender con claridad el tiempo limitado y la tarea especial que Dios ha dado a cada uno durante esta vida. No permaneceremos aquí indefinidamente; el tiempo y las oportunidades son recursos limitados. Cuanto antes adoptemos esta mentalidad, mejor comprenderemos los propósitos por los cuales Dios nos introdujo en su esfera de gracia.
Aunque nuestro tiempo en la tierra es breve, influye poderosamente en la eternidad. Las decisiones cotidianas son mucho más importantes de lo que solemos reconocer. La manera en que conducimos nuestra vida afecta profundamente nuestro futuro eterno; Dios se asegura de que así sea.
Comprender el panorama completo
Comprender todo el alcance del crecimiento espiritual nos ayuda a vivir de manera productiva y plena. Esto ocurre al menos de tres maneras:
Sensibilidad: despertamos con mayor facilidad a la importancia de nuestra condición presente.
Claridad: obtenemos una imagen bastante precisa de lo que ha ocurrido y de lo que todavía no se ha desarrollado en nuestra vida.
Enfoque: fortalecemos la determinación de alcanzar la madurez y cumplir el plan particular de Dios.
Mi padre medía nuestra estatura haciendo una marca de lápiz en el marco de la puerta. Siempre me emocionaba comprobar cuánto había crecido. Lo mismo ocurre en la vida espiritual. Los creyentes sienten curiosidad natural acerca de su desarrollo. Parte de ella puede ser competitiva, pero existe también una expectativa sana de avanzar hacia la plena madurez. Ese crecimiento continuará incluso después de haber entrado en la etapa madura.
La falta de metas explica gran parte del descuido espiritual entre los creyentes. Al no saber hacia dónde se dirigen, se estancan. En vez de concentrarse en lo que Dios hace en ellos, se distraen con problemas personales, quedan atrapados en el orgullo religioso o se enredan con el mundo.
Dos clamores del corazón
Después de leer los libros bíblicos de Josué y Jueces, reconocí dos clamores profundos en mi corazón.
(1) El libro de Josué llama a mi corazón a esperar la gran obra que Dios puede realizar por medio de mi vida. Todo es posible. Nada puede detener la obra del Señor en mí, en la iglesia local ni en la iglesia mundial.
(2) El libro de Jueces humilla mi corazón. Me aflige recordar cómo he descuidado responsabilidades y no he realizado cosas que, por la gracia de Dios, podría haber hecho bien.
El pleno potencial de la victoria se encuentra junto a la terrible vergüenza de la derrota. Cada una nos recuerda lo que podría ocurrir. No somos víctimas atrapadas en la esclavitud del estancamiento; en cada momento permanecemos en el umbral de una nueva oportunidad.
Al atravesar ese umbral podemos evaluar nuestra situación espiritual. El corazón agradece lo que Dios ha hecho, pero también reconoce ocasiones en que ignoramos los principios de la vida, como ocurrió en Jueces. Aquello que antes nos entusiasmaba puede desaparecer de la vista y del corazón.
Considere algunas oportunidades de la vida. ¿Cuáles son las suyas?
¿Vive con un cónyuge muy difícil?
¿Su jefe no reconoce sus capacidades?
¿Otra persona le quitó una relación que valoraba?
¿Se vuelve más malhumorado al envejecer?
Cuando observamos problemas en otros o en nosotros mismos, debemos recordar que la victoria permanece cerca. ¿Ha notado que el poder del enemigo nunca es el factor decisivo en la Biblia? Dios siempre es mayor. Por eso Josué está junto a Jueces como un recordatorio de lo que puede suceder.
No podemos recuperar el pasado, pero sí entrar en el futuro llenos de confianza en que el Señor desea aprovechar plenamente nuestro servicio, a pesar de los fracasos anteriores. Dios está preparado para guiarnos hoy.
El apóstol nos exhorta: «Así que tengan cuidado de su manera de vivir. No vivan como necios sino como sabios, aprovechando al máximo cada momento oportuno, porque los días son malos. Por tanto, no sean insensatos, sino entiendan cuál es la voluntad del Señor» (Efesios 5:15-17).
El tiempo afecta a todos. Sin embargo, por su gracia, Dios puede compensar años perdidos cuando encuentra un corazón humilde que lo busca. La producción de vino exige tiempo por el proceso de fermentación, pero Jesús convirtió el agua en vino en un instante.
¿Qué edad tiene espiritualmente?

Determine dónde se encuentra en el gráfico de crecimiento espiritual y dónde debería estar. Busque al Señor para que lo lleve adonde necesita llegar y para que su vida produzca cada vez más fruto para Él.
Lecciones
Nuestro tiempo limitado hace urgente identificar dónde estamos en el proceso de crecimiento espiritual y nos impulsa a avanzar.
Dios desea obrar estratégicamente por medio de nuestra vida, pero el crecimiento y la madurez son requisitos esenciales.
Cuando decidimos crecer, el proceso se vuelve de repente más claro, fácil y emocionante.
Memorizar y Meditar
Efesios 5:15-17
Asignación
Indique dónde se encuentra en el gráfico del crecimiento espiritual. ¿Por qué eligió ese punto?
¿Percibe la urgencia de crecer espiritualmente? Hable con el Señor acerca de este asunto y pídale que destaque las prioridades que debe atender ahora.
Identifique una tarea, rutina, tema o mejora que pueda ayudarlo a adoptar el cambio necesario para su crecimiento personal. Anote cómo y cuándo lo pondrá en práctica. Vuelva a hablar con el Señor acerca de ello (Proverbios 3:6).
(3) Practicar el Núcleo de la Vida
Capítulos 19-32