
El Núcleo de la Vida · Sección 3 · Capítulo 32
Equipar a los creyentes maduros

La capacitación de quienes se encuentran en la tercera etapa del crecimiento cristiano difiere considerablemente de la de las dos primeras.
En los primeros dos niveles ayudamos al creyente a atravesar cada etapa. Según 1 Juan 2:12-14, no existe una cuarta etapa durante nuestra experiencia terrenal. Esto cambia la manera de abordar el crecimiento. Mientras que en las etapas uno y dos el creyente persigue metas que lo conducen al nivel siguiente, en la tercera adopta objetivos de desarrollo espiritual continuo dentro de la misma etapa.
En este nivel existen peligros particulares. Pensemos en ancianos que han controlado una iglesia durante veinte años o más y quedaron espiritualmente estancados, o en el creyente que considera fidelidad sentarse en el mismo banco durante treinta años. Recordemos también la severa disciplina que Moisés recibió por golpear la roca en vez de hablarle (Números 20:11-12).
Estos problemas pueden afrontarse comprendiendo correctamente el crecimiento en el tercer nivel. El desarrollo espiritual continúa cuando buscamos mantener y profundizar nuestra intimidad con Dios por medio de Cristo. Incluso los adultos siguen creciendo en madurez, sabiduría, compasión y en la plenitud de Cristo (Efesios 4:13).
Debemos reconocer, sin embargo, que siempre resulta mucho más fácil llevar a un nuevo creyente hasta el tercer nivel que volver a formar a quienes se han aferrado durante años a sus costumbres y piensan que ya están plenamente maduros.
Mantener el crecimiento
Aunque la palabra «mantener» no parece describir desarrollo, se refiere a dar prioridad constante a ciertas disciplinas espirituales. La oración, por ejemplo, abre una conversación íntima con Dios que puede y debe profundizarse. Lo mismo ocurre con el estudio bíblico personal.
Los puntos donde somos tentados a flaquear, caer en la tibieza o desobedecer también pueden convertirse en oportunidades para fortalecer nuestro compromiso con los propósitos de Dios. A quienes están en el tercer nivel, el Señor les pregunta repetidamente: «¿Qué o quién es lo más importante en tu vida?». Nuestra respuesta mostrará si lo buscamos de todo corazón.
Algunos reyes comenzaron bien su servicio y más tarde se volvieron orgullosos e idólatras. Estos peligros también son oportunidades para reafirmar nuestro compromiso, tomar decisiones correctas y permanecer en el camino. Muchos pasajes nos exhortan a «retener» lo que hemos alcanzado:
«Ya pronto vengo. Lo que tienes, no lo sueltes, y nadie te quitará tu corona» (Apocalipsis 3:11).
El creyente maduro debe cuidar que su corazón permanezca ferviente por el Señor. No es fácil. Enfrentará desilusión, abundancia, duda, poder, depresión, fama, amargura, dolor, sufrimiento y quizá persecución. Cada situación nos obliga a volver a las verdades anteriores y a comprometernos nuevamente con los caminos de Dios.

Lo maravilloso de la vida espiritual es que las posibilidades de crecimiento no terminan. Pablo lo expresa así:
No es que ya lo haya alcanzado, ni que ya sea perfecto, sino que sigo adelante, por ver si logro alcanzar aquello para lo cual fui también alcanzado por Cristo Jesús (Filipenses 3:12).
Pablo sabía que su desarrollo espiritual y los años que aún viviría no eran solo para él, sino para que el Señor cumpliera sus propósitos por medio de su vida en beneficio de otros (Filipenses 1:22-24). Quería alcanzar todo lo que Dios había preparado para él, tanto lo pequeño como lo grande.
Integración en el tercer nivel
Al considerar las exhortaciones de 1 Juan 2:12-14 para cada nivel, podemos distinguir con mayor claridad el crecimiento propio de cada etapa. Esto también se aplica a la tercera. No somos simplemente personas religiosas, aunque desde fuera pudiera parecerlo. Renovamos nuestro propósito de conocer a Cristo y permitir que Él cumpla sus planes por medio de nuestra vida.
Si no tenemos cuidado, llega el agotamiento. El servicio se vuelve rutinario y seco cuando no nos renovamos con frecuencia en la presencia del Señor. Pablo recuerda a los cristianos de Roma: «Si algo demanda diligencia, no seamos perezosos; sirvamos al Señor con espíritu ferviente» (Romanos 12:11).

Nunca debemos olvidar el propósito de lo que hacemos, ni en medio de una vida ocupada ni en situaciones desesperadas. Jesús es el ejemplo supremo de la relación entre devoción y servicio:
Yo soy la vid y ustedes los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, este lleva mucho fruto; porque separados de mí ustedes nada pueden hacer (Juan 15:5).
Cada palabra nos recuerda la relación íntima que debemos mantener para seguir viendo la vida de Dios obrar con propósito por medio de nosotros.
Una mirada a los materiales de capacitación
La formación en esta etapa debe desarrollar una comprensión más clara de las maneras astutas en que Satanás tienta a los creyentes y, al mismo tiempo, fomentar una relación íntima con el Señor. De allí surgen una devoción y una fecundidad mayores. Muchos creyentes no han aprendido a mantener tiempos devocionales constantes; como resultado, se apartan de la comunión con Cristo, se estancan y caen en la apatía. Una buena capacitación enseña:
Cómo mantener tiempos significativos y constantes con el Señor.
Cómo restablecerlos después de una interrupción.
Cómo comprender pasajes difíciles.
Cómo escuchar a Dios por medio de las Escrituras.
Muchos de estos procesos simplemente no reciben atención en la capacitación habitual de iglesias y seminarios. A veces culpamos a las personas por no saber cómo hacerlo en lugar de ofrecerles la excelente formación que el Señor desea darles.
También se requiere atención especial en el área de la fecundidad. La madurez produce fruto. Jesús espera no solo que demos fruto, sino que este permanezca (Juan 15:16).
A menudo medimos el ministerio por su fruto, lo cual es útil, pero debemos conservar una visión más amplia del crecimiento en esta tercera etapa. La fecundidad no siempre se ve de inmediato, especialmente durante las dificultades. El fruto de los sufrimientos de Jesús se hizo evidente después de su resurrección.
Existen muchos buenos libros que fomentan el fervor cristiano y mejoran nuestro servicio. Es una gran bendición de nuestra época poder «encontrarnos» con otros creyentes firmes mediante sus enseñanzas, libros, videos y audios. Podemos asignar lecturas y estudios, pero, al avanzar hacia una intimidad más profunda con Cristo, descubrimos que muchas de las lecciones más importantes no se pueden examinar ni medir con facilidad. Sin duda, esta es una razón por la que suelen descuidarse en las escuelas.
Una aplicación práctica
En esta etapa, la mentoría funciona mejor en grupos pequeños o de manera personal, donde todos puedan hablar con sinceridad. Una gran ventaja del discipulado es que, aun cuando un creyente viaje mucho o pertenezca a una iglesia sin un programa formal, todavía puede acompañar fácilmente a otra persona.
Por ejemplo, en este tercer nivel busque uno o dos hermanos —o hermanas, si usted es mujer— y una necesidad común. A menudo pregunto a la persona en qué área desea crecer y también le comparto otra en la que considero que necesita avanzar, como escuchar a Dios o estudiar un libro de la Biblia. Dividimos el tiempo entre oración, conversación y estudio de ambas áreas. Podemos reunirnos casi en cualquier lugar y momento.
En los capítulos siguientes reflexionaremos más sobre este desarrollo y su significado tanto en instituciones formales de capacitación como en iglesias, donde no hay títulos académicos —¡pero tampoco matrícula!—.
Lecciones
El tercer nivel difiere de los anteriores porque la meta es prosperar dentro de él, no atravesarlo para llegar a una cuarta etapa.
Podemos afrontar los peligros que amenazan nuestro crecimiento si nos concentramos en lo que Dios está haciendo por medio de nuestra vida en cada situación.
El formador equipa a cada creyente para realizar las obras que Dios preparó de antemano, recordándole que solo pueden cumplirse mediante una intimidad creciente con Cristo y por la gracia de Dios.
La capacitación cristiana debe preparar mucho mejor a los creyentes para crecer dentro de este tercer ámbito del desarrollo.
Memorizar y Meditar
Filipenses 3:12
Asignación
Escriba tres historias de la vida cristiana —suyas o de otros— que hayan contribuido a su crecimiento espiritual. Explique cómo lo ayudó cada una.
¿Ha atravesado agotamiento, sequedad espiritual u otra crisis semejante? Escoja una situación, explique cómo surgió y cómo se resolvió finalmente.
¿Se encuentra en el tercer nivel de madurez? Explique.
¿Cuáles son sus mayores desafíos para mantener una fe vibrante?
¿Ha mentoreado a alguien en el tercer nivel del desarrollo espiritual? ¿Qué hizo?
(4) Implementar el Núcleo de la Vida
Capítulos 33-40