
El Núcleo de la Vida · Sección 3 · Capítulo 28
Equipar a los nuevos creyentes
La atención que brindamos a los nuevos creyentes influye enormemente en todo el proceso de formación. Si no equipamos a nuestros líderes para discipular, la falta de una base sólida en los recién convertidos inevitablemente debilitará el ministerio en su conjunto. La obra de Dios no avanzará de la manera ni en la medida necesarias.
Una capacitación adecuada nos permite introducir los cambios necesarios y equipar a futuros líderes para formar a otros en diversas áreas de la vida. Este capítulo ofrece ideas sobre cómo preparar a los nuevos creyentes y cómo integrar esa formación con el Núcleo de la Vida.
El Núcleo de la Vida se refiere a la obra personal y específica de Dios en la vida de todo creyente genuino y en la iglesia como un todo. Comienza con la regeneración y continúa durante toda la vida: la obra santificadora del Espíritu Santo es constante en cada creyente.
Nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo, el cual derramó en nosotros abundantemente por Jesucristo nuestro Salvador (Tito 3:5-6).
Observe cómo el «derramamiento» del Espíritu Santo señala la obra firme y continua de Dios, semejante a un río que fluye por nuestras vidas.
Con razón el apóstol Juan reconoció que el nuevo creyente tiene necesidades especiales, así como un bebé o un niño pequeño. La familia reorganiza su tiempo y sus finanzas para recibirlo. Por ejemplo, suele estar dispuesta a emplear recursos limitados en acondicionar una habitación o comprar lo necesario para alimentar al precioso recién nacido. Juan usa esta analogía para hacernos conscientes de la necesidad urgente de nutrir a los nuevos creyentes y sostener su vida espiritual.
Uno de los mayores desafíos al enseñar a otros a cuidar a los nuevos creyentes es que muchos de nosotros nunca fuimos discipulados personalmente. Pensamos: «A mí me fue bien; no hace falta». Pero no alcanzamos a ver cuánto mejor podrían haber sido las cosas.
¿No vemos cómo la incredulidad se extiende entre nuestros jóvenes? No perciben el poder del evangelio en su vida personal. Nuestro gran desafío es mostrar la pertinencia del evangelio para la vida de cada creyente.
Nuestras iglesias dedican mucho tiempo y dinero a llevar el evangelio a otros, pero casi nada a nutrir a quienes acaban de creer. Es como el hombre que gasta mucho en conseguir las mejores semillas para una cosecha especial, se entusiasma al ver los primeros brotes y luego olvida regarlos.
Sea en una iglesia, seminario o centro de capacitación, debemos proponernos decididamente:
(1) Convencer al pueblo de Dios de la importancia y necesidad de formar a los nuevos creyentes;
(2) Equiparlo para que sepa cómo hacerlo;
(3) Proporcionarle materiales adecuados que pueda usar; y
(4) Desafiarlo a instruir a los nuevos creyentes teniendo presente todo el proceso, desde el nuevo nacimiento hasta el servicio.
Convencer a los demás
Cuando hay nuevos creyentes a nuestro alrededor, resulta más fácil convencer al pueblo de Dios de que debemos cuidarlos. En algunos países occidentales, sin embargo, muchas personas se han endurecido al evangelio y quizá no sea común encontrarse con recién convertidos. Por eso puede ser difícil despertar en los creyentes la visión de discipularlos. Debemos afrontar esta cuestión en dos frentes, acompañando cada paso con oración ferviente.
Primero, debemos buscar a los perdidos. Muchos cristianos carecen tanto de la habilidad como de la visión necesarias para alcanzarlos. ¡Parece más fácil criticar al mundo que llevarlo a Cristo! Dedique tiempo adicional, si es necesario, a guiar a otros al Señor. Haga del evangelismo una parte del currículo del Núcleo de la Vida, si no uno de sus grandes énfasis. Segundo, pidamos al Señor que amplíe nuestras oportunidades de discipular más allá de nuestro entorno inmediato —iglesia, escuela o seminario— y vayamos adonde está la necesidad. Hay muchas ovejas afligidas que han perdido el camino. El pueblo de Dios debe aprender a colaborar con el Señor para buscarlas y cuidarlas según Él lo guíe.
Equipar a los demás
Cuando las personas se convencen de la importancia de discipular a los nuevos creyentes, podemos equiparlas. Como en toda capacitación, el formador debe conocer bien el proceso. Primero debe aprender a acompañar a nuevos creyentes y luego podrá preparar a otros.
Algunos líderes están mejor dotados que otros para esta tarea. Aproveche a quienes Dios ha capacitado especialmente, dentro o fuera de su iglesia. Recuerdo haber guiado a unas quince personas por un curso basado en un folleto para nuevos creyentes. Les entregué un ejemplar que contenía solo un bosquejo para completar. Más tarde se convirtió en su copia maestra para discipular a otros. Así desarrollé su visión, habilidad y conocimiento, y luego ellos pudieron capacitar a otros. De ese proceso nació nuestro recurso de capacitación 3 X E para nuevos creyentes.7
Hay muchas maneras de fortalecer este aprendizaje. Una consiste en demostrar en clase, mediante dramatizaciones, cómo podría desarrollarse un encuentro. Un supervisor o líder debería acompañar las primeras sesiones de discipulado. Puede participar junto al aprendiz o repasar cuidadosamente con él lo ocurrido después de cada uno de los primeros encuentros. No tiene por qué ser complicado. Podemos invitar a las personas tímidas a observar primero y luego pedirles que participen. Por ejemplo, al hablar del evangelio y la fe, pueden contar cómo Jesús las salvó. Unos aprenden más rápido y otros más despacio, pero Dios puede usar a todos para capacitar a otros.
Las madres normalmente pueden alimentar a sus bebés, pero quizá no sepan manejar algunas situaciones difíciles. Necesitamos estar a su lado y ofrecer sugerencias con ánimo. ¡No espere que siempre se las pidan! Dedique tiempo a estos nuevos discipuladores para que no se desanimen. Ayúdelos a tener una buena primera experiencia al acompañar a otros.
Proporcionar recursos para capacitar
Existe un número creciente de programas y materiales de discipulado, lo cual es positivo: más personas están pensando seriamente en esta necesidad. Cuando yo era joven, solo unos pocos ministerios universitarios habían preparado sus propios folletos de discipulado.
Una gran deficiencia de aquellos materiales era que no estaban centrados en la iglesia, sino principalmente en la vida espiritual individual. La teología de la iglesia no estaba debidamente integrada. El individualismo usurpaba el lugar del amor y el servicio. La situación ha mejorado, pero aún existe cierta tensión entre las iglesias y las organizaciones. Deben colaborar con un propósito común.
Algunas iglesias preparan sus propios materiales, y quiero alentar esta práctica. Cada congregación puede adaptar recursos para el discipulado de nuevos creyentes y ofrecer versiones para necesidades distintas: letra grande para personas mayores, otros idiomas para inmigrantes o una versión ilustrada para quienes no saben leer. Puede incluso comenzar con nuestros materiales y adaptarlos a su contexto.
Lo más importante, sin embargo, es el contenido. Este libro ha explicado los propósitos de Dios para las tres etapas del discipulado, pero solo ha presentado brevemente los temas que deben tratarse. Para profundizar en esta área, consulte nuestras tres Bibliotecas de Discipulado.
Cuidado especializado
Atender las necesidades de los nuevos creyentes debe seguir siendo una prioridad de la iglesia. Así como una familia ajusta horarios y recursos para cuidar a un bebé, la iglesia debe asegurar una atención adecuada para los nuevos hijos de Dios.
El nuevo creyente necesita una explicación clara del evangelio, alimento de la Palabra de Dios y ayuda para comprender cómo su nuevo Padre cuida de él. El propósito es fortalecer su fe y afirmarlo debidamente durante esta etapa vulnerable.
Su fe debe fortalecerse para que no sea arrastrado con facilidad. Necesita comprender con claridad el pecado, el perdón, Cristo y la fe, de modo que, en medio de sus circunstancias, esté cada vez más seguro del amor constante de Dios y de su provisión.
Quien proviene de un ambiente de fiestas quizá necesite más instrucción sobre la vida cristiana, la comunidad y la santidad. Quien procede de un trasfondo legalista necesitará aclaraciones especiales sobre la salvación, la santificación y la libertad del evangelio.
Otro creyente puede haber estado atrapado en el consumismo o enfrentar problemas en el hogar o el trabajo. En ese caso, la instrucción debe ayudarle a afrontar esas situaciones concretas. Sea cual sea el «mundo» del que fue rescatado, necesitará atención particular en esa área. Esta es una razón por la que el discipulado personal resulta tan importante en la primera etapa. No olvidemos, sin embargo, los fundamentos: para el nuevo creyente, el énfasis está en la comprensión cristiana básica; ayudarle a vivir con justicia en el mundo será el centro de la segunda etapa.
Integrar la fe
Es esencial integrar la comprensión de nuestra vida con el panorama completo de lo que Dios está haciendo. Esta visión más amplia explica las verdades profundas que ponen el fundamento para continuar la vida cristiana. Consideremos dos ejemplos.
Ayude al nuevo creyente a reconocer su deseo por la Palabra de Dios. Es semejante al anhelo del bebé por la leche de su madre. Explíquele que este deseo procede de su nueva vida y que necesita la Palabra de Dios. Como la alimentación física, será una necesidad permanente, aunque en esta etapa se perciba con especial intensidad.
Los nuevos creyentes también desean estar con otros cristianos, orar y compartir la Palabra. Es el Espíritu de Dios obrando con entusiasmo en ellos y haciéndoles saber que pertenecen a una gran familia espiritual. Al señalarles estas realidades, comienzan a comprender la participación de Dios en su vida. Todas estas pequeñas lecciones forman una imagen mayor: Dios los ama. Relacione siempre lo que está ocurriendo en ellos con la razón de que ocurra. El Espíritu de Dios obra en ellos; la vida crece y se expresa.
El amor constante de Dios
El amor de Dios es constante y real. Aun cuando fallamos, Él ha provisto el perdón por medio de Cristo; Jesucristo es nuestro abogado (1 Juan 2:1-2).
Si no crecimos en una familia sana, quizá sintamos que debemos probar nuestro valor o luchemos con la sensación de no ser amados. Mediante un buen discipulado, los nuevos creyentes aprenderán a comprender el amor constante de Dios, a pesar de las deficiencias de su crianza.
La gratitud —alimentada desde el principio por la enseñanza sobre la gracia y la misericordia— se profundiza cuando aprenden a apropiarse correctamente del perdón inmerecido que Cristo obtuvo por sus pecados. Verán la inmensa importancia de la obra amorosa de Jesucristo en la cruz a su favor, y dejarán de confiar en sus propias obras o rituales.
En cada etapa Dios establece valores fundamentales de los cuales depende la siguiente fase. Sin una comprensión firme del amor de Dios, al nuevo creyente le resultará difícil avanzar y atravesar la segunda etapa del desarrollo espiritual.
Este es uno de los grandes problemas que la iglesia ha heredado: la falta de cuidado adecuado para los nuevos creyentes produce disfunciones en creyentes que llevan más tiempo en la fe.
Resumen
Podría decirse mucho más, pero recordemos en resumen que debemos ajustar nuestras prioridades para apoyar los propósitos de Dios en esta primera etapa, en la que nutrimos a los nuevos creyentes. Asegurémonos de capacitar eficazmente al pueblo de Dios para cuidarlos.
Estas lecciones son básicas y esenciales, pero irónicamente faltan en gran medida en la iglesia. Sin este cuidado, los nuevos creyentes no recibirán el fundamento firme de amor y confianza que necesitan para crecer en la segunda etapa. No llegarán a ser los creyentes que deberían, sino que tambalearán en su vida cristiana.
Ha llegado el momento de dejar de culpar a los nuevos creyentes por su inconstancia y comenzar a brindarles desde el principio el cuidado que Dios nos mandó ofrecer.
La etapa del nuevo creyente es breve y exige atención inmediata. El diablo está dispuesto a destruirlo; debemos hacer todo lo posible por llegar primero y guiarlo. Durante un período corto suele estar muy motivado para estudiar y crecer. Es mucho más agradable acompañarlo entonces que intentar restaurar más tarde a alguien derrotado que se ha alejado de donde debería estar. Seamos diligentes en cumplir la voluntad de Dios.
Lecciones
La iglesia y toda institución cristiana de capacitación deben discipular a los nuevos creyentes de manera personal y cuidadosa.
Los nuevos creyentes deben ser formados con una mirada hacia el futuro: tanto hacia su pleno desarrollo como hacia la manera en que Dios los usará para capacitar a otros.
Los materiales destinados a nuevos creyentes deben tomar en cuenta las necesidades particulares que enfrentan.
Memorizar y Meditar
Tito 3:5-6
Asignación
¿Ha capacitado a nuevos creyentes? Explique.
¿Qué programa o materiales usaría para formar a un nuevo creyente?
Piense en tres nuevos creyentes que conozca. Al discipularlos, ¿qué necesidades particulares debería tomar en cuenta?
Si participa en la formación de líderes, comience a reunir lecciones adaptadas y especializadas que su pueblo pueda usar. Anote cuánto ha avanzado y dónde quisiera estar en este aspecto.