
El Núcleo de la Vida · Sección 2 · Capítulo 16
El joven — etapa 2

Si el nuevo creyente necesita amor íntimo y cuidado, ¿qué necesita el creyente joven?
El joven comienza a asumir control de sus propias decisiones. Avanza desde una etapa de irresponsabilidad e ignorancia hacia otra en la que sabe lo que es correcto, aprende a cuidarse y, más adelante, se preocupa por los demás. Los jóvenes están en camino hacia la edad adulta y deben aprender a atender tanto sus propias necesidades como las de otros. Mantener presentes las metas generales de Dios reduce las tensiones que pueden surgir durante esta transición.
No existen marcadores exactos que indiquen cuándo comienza o termina esta etapa. Muchos idiomas ni siquiera poseen una palabra especializada como «adolescente» para describirla. El griego original llama a este creyente «joven»: ya no es pequeño, pero todavía no ha madurado por completo.
El desafío del creyente joven
El creyente joven debe aprender a utilizar la Palabra de Dios para permanecer firme frente a influencias contrarias y tentaciones. La Palabra continúa siendo importante, como en la primera etapa, pero ahora el «joven» aprende a enfrentar personalmente la tentación. Esto forma parte esencial de ser vencedor.
La vida física ilustra esta verdad. Al crecer, los jóvenes deben aprender a funcionar en el mundo con mayor independencia de sus padres. En los seres humanos este proceso resulta mucho más lento que en los animales, pero finalmente ocurre. Mientras los niños pequeños apenas aprenden a alimentarse solos, quienes se acercan a la edad adulta deben trabajar para conseguir su propio alimento.

En el desarrollo espiritual, el creyente joven todavía necesita la Palabra de Dios, pero ya no puede depender constantemente de otros para recibirla. Aprende a acudir personalmente a las Escrituras para alimentarse y a utilizarlas para protegerse del enemigo que ronda a su alrededor.
Observe las firmes palabras con las que Juan describe al creyente joven:
«Les escribo a ustedes, jóvenes, porque han vencido al maligno... Les he escrito a ustedes, jóvenes, porque son fuertes, y la palabra de Dios permanece en ustedes, y han vencido al maligno» (1 Juan 2:13-14).
El mundo no es tan inocente ni favorable como quisiéramos. Existe un enemigo real que procura destruirnos. Nos consuela saber que Jesucristo ya ganó la guerra, pero el creyente joven debe aprender personalmente a depender de la gracia de Dios al afrontar distintas situaciones.
En el siguiente pasaje, Pedro declara con firmeza el poder que procede de la verdad de Dios:
«Así Dios nos ha entregado sus preciosas y magníficas promesas para que ustedes, luego de escapar de la corrupción que hay en el mundo debido a los malos deseos, lleguen a tener parte en la naturaleza divina» (2 Pedro 1:4).
A los jóvenes les gusta pensar que son mayores de lo que realmente son y pueden exigir libertad sin responsabilidad. Todavía carecen de prudencia y no comprenden todos los desafíos que afrontan; quizá esa misma actitud los hace estar dispuestos a enfrentar cualquier reto.
Pasos adicionales de crecimiento
El joven se encuentra entre las etapas del niño pequeño y el adulto. Su deseo de libertad y adultez es bueno porque comienza a percibir hacia dónde lo dirige Dios. Sin embargo, conserva patrones de pensamiento desarrollados durante la niñez, cuando dependía de otros para alimentarse. A medida que madura debe abandonar esa dependencia para avanzar hacia la etapa del «padre», en la que cuidará a otros.
El joven sabio establece buenas disciplinas espirituales y aprende de otros a utilizar la Palabra de Dios contra la tentación. Con atención descubrirá que existe una batalla dentro de él y otra a su alrededor. Se preguntará por qué, siendo creyente, lucha incluso contra cosas que desprecia. Al mismo tiempo percibirá el mal del mundo, que intenta atraerlo hacia caminos dominados por deseos pecaminosos e insensatos.
¡Dios ya ganó la batalla y ha equipado plenamente al creyente joven para luchar y vencer! Aprenderlo lleva tiempo. Habrá fracasos y victorias. Cuando alguien lo discípula, el período de capacitación puede acortarse. El discipulador explica por qué funciona así la vida espiritual y ayuda a conectar las experiencias con la verdad, de modo que las lecciones se aprendan con mayor rapidez. Sin esa ayuda, el creyente puede librar muchas batallas innecesarias y sufrir derrotas repetidas que produzcan desaliento o algo peor.
Todos sabemos que sería moralmente condenable descuidar a un recién nacido. El creyente joven también necesita cuidado, aunque por su edad física o experiencia parezca maduro. La supervisión espiritual durante esta etapa puede ayudarlo enormemente cuando enfrenta pruebas y tentaciones.
Lecciones
El creyente joven afronta el desafío de aprender a utilizar la Palabra de Dios para vivir con firmeza.
En nuestra nueva vida existirán batallas espirituales debido a la carne y al enemigo, que utiliza el mundo para perjudicarnos.
Dios promete que su Palabra puede capacitarnos para experimentar una victoria constante.
La supervisión espiritual durante esta etapa ayuda mucho al creyente joven que se siente confundido y no comprende por qué ocurren ciertas cosas en su vida.
Memorizar y Meditar
2 Pedro 1:4
Asignación
¿Posee una disciplina firme de alimentarse personalmente con la Palabra de Dios? ¿Por qué?
¿Considera importante recibir diariamente la Palabra de Dios para mantener una vida espiritual fuerte? Explique.
Relate una derrota y una victoria. Reflexione en ambas: ¿por qué cayó y por qué venció?
¿Ha madurado lo suficiente para saber qué decir a una persona que lucha contra la tentación?