
Génesis — Estudios bíblicos sobre Abraham
Una oración privada y una confianza firme — Génesis 14:17–24
Desvíos en la vida de Abraham — Génesis 12–16
Introducción: Desvíos en la vida de Abraham · A. Desvío del lugar indicado · B. Desvío en sus relaciones · C. Desvío en el método · Preguntas de estudio
Serie especial: Génesis 14 — Tres pasos para una fe creciente
Génesis 14: Tres pasos para una fe creciente · 1. Reconozca la bendición de Dios · La protección de Dios · Aplicación: reconocer la bendición · 2. Use la bendición para servir a otros · Abram “el hebreo” · La gran decisión de Abram · Una imagen del amor de Dios · 3. Afirme su confianza en Dios · La oración secreta de Abram · El rey Melquisedec · La realidad espiritual · Melquisedec en la Biblia · Conclusión y aplicaciones
Génesis 14:17–24 saca a la luz algunos detalles que antes no conocíamos. Entre ellos aparece una oración —o voto— privado de Abram delante de Dios.
2. Una oración privada
Hasta este punto habíamos mirado la batalla desde afuera. Pero en su conversación con el rey de Sodoma, Abram explica por qué no aceptará los bienes recuperados.
Esto indica que Abram había hecho un compromiso con Dios antes o durante aquella expedición. Tal vez su oración tuvo un sentido parecido a: “Si me ayudas a regresar con Lot a salvo, no tomaré el botín para mí”.
Dios no necesitaba las cosas de Abram. Lo que quería era su corazón. Aun cuando Abram más tarde entregó el diezmo, no fue porque Dios necesitara dinero. Las ofrendas expresan devoción, gratitud y dependencia.
Al rechazar el botín, Abram estaba declarando que el poder de Dios para darle la victoria era más valioso que cualquier ganancia material. Su preocupación por Lot iba acompañada de una confianza valiente en que Dios podía y quería ayudarlo.
Probablemente los años anteriores, en los que había visto tantas expresiones de la bendición de Dios, fortalecieron poco a poco su fe. Abram empezaba a comprender que podía depender de Dios no solo para su propio cuidado, sino también para actuar a favor de otros cuando Dios ponía una necesidad en su corazón.
3. Una confianza firme
Abram llevó sus pocos recursos a la batalla y volvió victorioso. Había aprendido a confiar en la presencia de Dios. El Salmo 46 celebra esta misma realidad:
El creyente posee la misma clase de seguridad. Después de Su resurrección Jesús dijo a Sus discípulos: “Yo estoy con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo” (Mt 28:20, traducción propia).
Abram confiaba lo suficiente en Dios como para pedir Su ayuda frente a ejércitos profesionales, lejos de casa. Así se abre una nueva dimensión de la bendición: recibimos la bondad de Dios y luego la compartimos con quienes la necesitan.
Queda, sin embargo, un elemento más: la aparición inesperada de Melquisedec.